Hablar de diseño de futuros en el deporte no es un ejercicio de adivinación. Es, más bien, un método para anticipar lo que viene, entender las fuerzas que ya están moldeando la industria y actuar con idea antes de que sea tarde.
Durante años, el marketing deportivo ha reaccionado: a tendencias, a plataformas, a situaciones virales o a eventos externos. Pero quienes dominarán los próximos años serán los que aprendan a diseñar escenarios, no los que esperen a que el mercado los rebase por la derecha.
Del marketing reactivo al pensamiento anticipatorio
En 1971, el futurista Herman Kahn decía que “el futuro no se predice, se diseña”. Esa frase hoy se aplica más que nunca al negocio del deporte. Las ligas, los clubes y las marcas ya no pueden depender solo de la intuición o de repetir fórmulas ganadoras. Y más cuando estamos en un ciclo perpetuo: una temporada, períodos mundialistas de cuatro años, vigencia de los contratos. Nos centramos en el presente operando, y el único futuro que vislumbramos es ¿Cómo extendemos el ciclo? ¿Qué más podemos vender? ¿Qué agregamos en el portafolio? Y pocas veces pasamos de ahí.
El diseño de futuros usa herramientas de prospectiva, análisis de tendencias, señales débiles y escenarios para mapear posibilidades. No busca adivinar el mañana, sino preparar el presente para distintos futuros posibles.
Si lo pensamos desde el deporte, significa hacerse preguntas distintas:
- ¿Qué pasará cuando la inteligencia artificial personalice de verdad la experiencia del fan?
- ¿Cómo competirán los clubes cuando la generación Alpha prefiera ver highlights que partidos completos?
- ¿Qué significa “patrocinio” en un mundo donde las audiencias son comunidades distribuidas?
- ¿Cómo vamos a conectar a la afición de un equipo cuando la geografía no importe?
Cada respuesta abre una oportunidad estratégica.
El deporte como laboratorio de futuros
El deporte siempre ha sido un reflejo de lo social: refleja avances tecnológicos, cambios culturales y valores predominantes. Lo interesante es que ahora se está convirtiendo en un laboratorio de futuros.
La Fórmula 1 empieza a experimentar con energía híbrida y simulaciones predictivas. Empezó con los contenidos y supuso un cambio en la Industria.
La NBA analiza datos biométricos para redefinir rendimiento y entretenimiento, y los pone a disposición de los consumidores vía el broadcaster.
Y proyectos como OneFootball o Fan Controlled Football muestran cómo los fans pueden influir directamente en la experiencia digital.
Pero detrás de todo esto hay algo más profundo: visión estratégica. Las organizaciones que combinan storytelling, tecnología, experimentación y anticipación no solo sobreviven, crean nuevos modelos de negocio.

Pensar el futuro como disciplina
En mi experiencia, diseñar futuros no es imaginar algo de ciencia ficción o demasiado ambicioso, sino pensar estratégicamente en largo plazo con estructura. Implica reconocer que las señales del cambio ya están aquí: la automatización, la inteligencia artificial generativa, la economía de creadores, la crisis climática o la reconfiguración del ocio y el entretenimiento, y la percepción que le dan a las experiencias las generaciones más jóvenes..
El reto está en conectar esos puntos con el deporte, la cultura y el negocio.
Porque el futuro del deporte no lo jugaremos solo en la cancha, sino en el diseño de experiencias, la inteligencia de datos (no en su acumulación) y la capacidad de imaginar antes que los demás.
Hacia una nueva forma de liderazgo
Las industrias creativas están viviendo una revolución silenciosa: la del pensamiento prospectivo.
Y los líderes del deporte que adopten esta mentalidad no solo dirigirán organizaciones, diseñarán futuros posibles para toda una generación de fans, pero sobre todo harán viable el negocio.
No es casualidad que en ciertos círculos empecemos a hablar de foresight thinking o strategic futures design. El cambio ya empezó. La pregunta es:
¿Seguiremos corriendo detrás del futuro… o aprenderemos a diseñarlo?









Comentarios:
Carlos Ruiz (19 noviembre, 2025)