El dolor del emprendedor

Tenía una vida común y corriente, más corriente que común jajaja; un trabajo “seguro” y un sueldo, o más bien, sueldito que me permitía lo obtener lo indispensable y de confesar que aunque en el fondo de mi ser no me sentía del todo conforme, me daba la “tranquilidad” de tener una entrada fija y eso me daba paz.

Entrecomillo muchas cosas porque me doy cuenta de cuántas creencias totalmente falsas eran las que sustentaban mi tranquilidad.

Pues resulta que el teatro se me cayó con la pandemia y me quedé sin el trabajo “seguro”, estuve de una chamba a otra sin cuajar porque todo era inestable y un día me decían que sí y al otro me decían que no, así que mi estabilidad quedó completamente vulnerada, acudí a mi familia (a estas alturas de mi vida), cosa que agradezco infinitamente aunque en su momento fue muy difícil por dejar expuesto mi rotundo fracaso en el área laboral y por lo tanto mi sustentabilidad.

¿Se imaginan a los casi 50 años no tener un trabajo y no saber por dónde empezar?, pues yo sí y es revelador, salen a la luz todos los miedos que se puedan imaginar, me sentí inútil, insegura, incompleta, sin talento, fracasada, vieja y todo lo que siente uno al ver que no existe ninguna seguridad en lo que uno considera seguro a esa edad.

Afortunadamente todo pasa (si así lo decidimos) y pues pasó. Bastaron una serie de conversaciones con mis hermanos, mis papás y dos mil terapias para darme cuenta que no todo estaba perdido, que me tenía a mí y que como yo, habían miles o millones de personas que se encontraban en la misma situación y todos traíamos un caos interno que además convivía con la locura de los demás. Cuando empiezo a observar con detenimiento las vidas de otros que estaban pasando lo mismo solté la carcajada, así como lo leen, ¡me reí muchísimo! Tengo un gran, gran, gran sentido del humor y me ha rescatado de todas mis “desgracias” jajaja.

Pero quiero explicar la razón por la cual me reí…

En mi cabeza estaba viviendo una tragedia y evidentemente no era la única, al momento de ver que personas que conocía estaban en lagrimas por la misma razón que yo (cabe mencionar que las consideraba talentosas), no podía creer que no se sintieran suficientes para salir de la situación que no niego era complicada pero no imposible y me di cuenta de que era mucho más fácil entenderlo a través de la vida de alguien más, y observé también que nos creímos infalibles, y sobretodo nos creímos el personaje que habíamos construido durante muchos años.

La vida nos puso a prueba y nos llevó a darnos cuenta de que la realidad que teníamos construida era temporal. así como es la vida, ¡con toda la incertidumbre del mundo!

Y bueno, siendo una experta en resiliencia no se me cerró el mundo, actualmente me dedico a lo que amo, comunicar, crear empatía solidaria y reírme de todas las “desgracias” posibles, si alguien quiere divertirse puede encontrarme en IG @loviconana, no es mucho pero es trabajo honesto jajaja.

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Ana I. Garduño Organista
Comunicóloga, entrevistadora, responsable de lo que digo, opinóloga desde los 3 años, antifeminista a favor de mujeres y hombres por igual, creadora de Lo vi con Ana, cuestiono casi todo y vivo desaprendiendo.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días viernes de cada dos semanas.
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