La Inteligencia Artificial (IA) atraviesa un momento de fuerte expansión en América Latina. En mercados como México, su adopción individual avanza con rapidez, pero su impacto en los resultados de negocio sigue siendo limitado. Esta brecha entre uso y valor se ha convertido en una de las principales paradojas de la transformación digital en la región.
Un estudio conjunto de WeWork y PageGroup, “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, confirma esta tendencia en el mercado mexicano. El 45% de los profesionales estima que entre el 11% y el 30% de su carga laboral podría automatizarse mediante inteligencia artificial, y el 61% de las empresas ya ha incorporado algún tipo de software con IA en sus operaciones.
Sin embargo, la adopción tecnológica convive con una brecha estructural de capacidades. La encuesta de IA indica que, el 71% del talento en México reporta tener únicamente conocimientos básicos en IA y apenas el 1% se considera avanzado. Aun así, el interés por evolucionar es evidente: el 90% de los profesionales busca capacitarse en inteligencia artificial como respuesta a la transformación de los roles y a la presión competitiva del mercado.
Esta realidad local refleja un patrón regional más amplio. De acuerdo con el informe Latin America in the Intelligent Age, elaborado por el Foro Económico Mundial en colaboración con McKinsey & Company, solo el 6% de las empresas en América Latina está logrando capturar valor económico significativo a partir de la IA, medido como un impacto superior al 5% en sus ganancias antes de intereses e impuestos (EBIT).
“En América Latina, la inteligencia artificial ya está presente en el día a día de los colaboradores, pero sigue ausente en la arquitectura del negocio. Sin rediseño de procesos y sin métricas claras de impacto, la IA se convierte en una capa tecnológica aislada, incapaz de generar valor sostenido”, indica Mario Marchetti, director general de Sinch para Latinoamérica.
Uno de los principales factores detrás de esta paradoja es la fragmentación en la adopción. Mientras los empleados utilizan herramientas de IA de manera individual para ganar eficiencia, muchas organizaciones carecen de una estrategia integral que conecte estas capacidades con objetivos de negocio, gobernanza de datos y experiencia del cliente. El resultado es una adopción dispersa que mejora la productividad personal, pero no transforma la operación ni los márgenes.
Desde la perspectiva de los expertos de Sinch, esta brecha se vuelve especialmente visible en los procesos de comunicación con clientes. La IA suele implementarse como una solución puntual, por ejemplo, chatbots informativos o automatizaciones aisladas, sin integrarse de forma estructural a los flujos completos de atención, venta y postventa, lo que limita su impacto financiero y operativo.
“El reto no es que las empresas usen más inteligencia artificial, sino que la usen mejor. Cuando la IA no está alineada con la experiencia del cliente y con indicadores de negocio concretos, su adopción se queda en un experimento tecnológico y no en una ventaja competitiva”, destaca Marchetti.
De cara a 2026, el desafío para las organizaciones en México y América Latina no es validar el potencial de la inteligencia artificial, sino cerrar la brecha entre adopción y valor. Convertir la IA en resultados medibles exige una visión estratégica que conecte tecnología, procesos y comunicación. En ese camino, las empresas que logren integrar la inteligencia artificial en el corazón de su relación con clientes estarán mejor posicionadas para transformar eficiencia tecnológica en crecimiento sostenible.








