¿Alguna vez te has preguntado cómo algunas marcas logran que las amemos, aunque vendan exactamente lo mismo que otras? ¿O por qué ciertos gobiernos parecen mantenerse a flote, aunque estén haciendo agua por todos lados? Spoiler: no es magia negra, es estrategia. Se llama relaciones públicas (RRPP), y está íntimamente ligada a eso que llamamos opinión pública, ese monstruo de mil cabezas que todos alimentamos… aunque no siempre lo sepamos.
Entendiendo el juego: no solo es hablar bonito
Piensa en las relaciones públicas como ese departamento de inteligencia emocional de las organizaciones. Sí, ese que intenta que no parezcan robots fríos o entes burocráticos sin alma. Las RRPP ayudan a construir y mantener relaciones de confianza con la gente. Con la gente real. No con “los públicos meta” en abstracto, sino con personas que votan, compran, opinan, cancelan, recomiendan… o simplemente te ignoran.
Y no, no se trata solo de mandar comunicados o hacer eventos con moñitos. Esto va de escuchar, dialogar, entender el pulso social y reaccionar con inteligencia (y rapidez, porque Twitter o X, no perdona).
Ahora bien, la opinión pública es ese conjunto de percepciones, emociones y juicios que van construyendo las personas sobre los temas que les importan. A veces basada en datos. A veces en memes. A veces en lo que dijo tu tía en el chat familiar. Lo cierto es que está viva, cambia, se emociona, se enoja y tiene memoria… a ratos.
Del lado luminoso (y oscuro) de las RRPP
Las buenas RRPP no solo traducen lo que dice la sociedad. También moldean, responden y, por qué no decirlo, seducen. Ejercen influencia, pero —al menos en teoría— con ética. No es manipular, es persuadir con propósito. O al menos esa es la versión oficial.
¿Cómo lo hacen?
- Interpretar: A través de estudios, encuestas, monitoreo de medios y otras herramientas, detectan qué piensa la gente. Por ejemplo: si un banco percibe que la gente lo asocia con prácticas abusivas, más le vale tomar nota antes de que le hagan tendencia con el hashtag #RoboInstitucional.
- Moldear: Diseñan narrativas que encajen con los valores del momento. Si la sostenibilidad está de moda, prepárate para ver a empresas petroleras hablando de “transición verde” (aunque sigan extrayendo crudo a manos llenas).
- Responder: Cuando las cosas se ponen feas —que sí, pasa seguido—, las RRPP entran en modo bombero: gestionan crisis, piden disculpas (con o sin convicción) y prometen cambios. A veces los cumplen. A veces se olvidan después del tercer tuit viral.
Medios: altavoz y espejo (deformante)
La opinión pública no nace en un vacío. Se cocina en los medios tradicionales, se sazona en redes sociales y se sirve en conversaciones cotidianas. Y ahí, las RRPP juegan en dos frentes:
- Difusión: Buscan colocar mensajes en los canales adecuados. A veces lo hacen con comunicados. Otras veces, disfrazados de “historias inspiradoras” que misteriosamente coinciden con los intereses de la marca.
- Termómetro: Analizan la reacción de la gente. ¿Hubo likes? ¿Hubo escándalo? ¿Hubo memes? Todo eso importa. Y mucho.
¿Qué cambió con las redes sociales?
Todo. Hoy, un comentario desafortunado puede destruir una reputación en minutos. Ya no basta con controlar a la prensa; ahora hay que convivir con influencers, bots, trolls, hilos interminables y videos de TikTok con más impacto que un editorial en primera plana. Bienvenidos al caos.
Transparencia, coherencia y consistencia (porque ya no nos creemos cualquier cosa)
En un mundo saturado de información (y de discursos sospechosamente pulcros), la credibilidad lo es todo. Las RRPP que realmente funcionan se apoyan en tres pilares:
- Transparencia: Decir lo que haces y hacer lo que dices. Aunque, claro, sin pasarte de honesto… no sea que reveles tus verdaderas intenciones.
- Coherencia: Que tu discurso no contradiga lo que haces. Porque eso de “cuidamos el medio ambiente” mientras tiras toneladas de plástico… pues no cuela.
- Consistencia: Sostener tus valores con el tiempo. Porque si hoy eres feminista, mañana no puedes aplaudir discursos misóginos sin que te pase factura.
Caso contrario:
¿Has visto esas marcas que cambian de valores como quien cambia de filtro de Instagram? Hoy se declaran “inclusivas”, pero ayer no dejaban entrar a ciertos perfiles a su tienda. La opinión pública recuerda… cuando quiere.

Ignorar la opinión pública: garantía de desastre
Nada como pensar que tienes “todo bajo control” y luego terminar en medio de una crisis viral. Subestimar a la opinión pública no es solo ingenuo, es peligrosamente costoso. Puede derivar en:
- Crisis reputacionales: Cuando lo que dices no se alinea con lo que la gente vive o percibe. Ejemplo: empresas que prometen bienestar mientras explotan a su personal.
- Pérdida de legitimidad: Especialmente en gobiernos y ONG, donde si la gente no cree en ti, lo demás da igual.
- Aislamiento: Tus mensajes suenan bonitos, pero nadie los escucha. Y peor: nadie los cree.
Y lo más irónico: muchas veces, las crisis no estallan por lo que hiciste, sino por cómo reaccionaste (o no reaccionaste). La arrogancia se paga cara.
Las RRPP como arquitectas de reputación y legitimidad
Cuando se hacen bien, las relaciones públicas no solo maquillan, construyen. Son ese equipo estratégico que ayuda a una organización a posicionarse no solo en la mente, sino en el corazón (y la conciencia crítica) de las personas.
- Reputación: No se compra. Se construye con tiempo, consistencia y acciones que valgan la pena.
- Legitimidad: Se gana cuando la gente reconoce tu papel social, te respeta y —con algo de suerte— te defiende.
- Licencia social para operar: En sectores como la energía, la minería o la infraestructura, sin aceptación social no hay permiso que valga. Pregúntale a cualquier megaproyecto cancelado por presión ciudadana.
En resumen: no se trata solo de hablar, sino de conectar
La relación entre RRPP y opinión pública es como una pareja: si no hay escucha, respeto y coherencia, se rompe. Así de simple.
Llévate esto en mente:
- Escucha antes de hablar (de verdad, no solo para cumplir con el protocolo).
- Sé honesto antes que espectacular (sí, la gente lo nota).
- Sé coherente antes que viral (el escándalo dura un día, la reputación, años).
- Y sobre todo: piensa a largo plazo. Las relaciones públicas no son maquillaje para tapar errores, sino cimientos para construir confianza duradera.
Porque al final del día, en un mundo donde todos comunican, quienes conectan son los que marcan la diferencia.
Felipe Reyes Barragan
Whatsapp (52) 477 4499216
https://protocoloceremonialyetiqueta.com/








