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Un día en la vida de Twitter

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Puras quejas

Todo son quejas, puras quejas y acusaciones. Un espacio lúdico que se transforma en paño de lágrimas.

Hacen drama porque la vida adulta “no es lo que esperaban”, que todos son problemas, que todo es dificultad, que hay que pagar por todo y ¡hasta el gobierno quiere que le demos impuestos!

A lo mejor pensaban que la vida era un inmenso videojuego en el cual todo era fácil y divertido. Llama mucho la atención lo poco preparados que algunos están para ser adultos.

Hay quejas porque hay parejas que deciden tener hijos, aseveran que eso no es justo ni para la humanidad ni para este atribulado mundo, no conciben traer más infantes a un planeta que agoniza. Pero, de repente, llegan los que se quejan de los que no tienen hijos y, a su vez, los condenan a una vejez absurda y solitaria, sin las alegrías de una familia y con el riesgo permanente de terminar siendo devorado por sus propios gatos.

Un simple tuit se puede transformar en una auténtica batalla de horas de duración y cientos de involucrados.

Y luego llegan los que están seguros que si no tienes perro, eres un ser humano rencoroso y miserable. Estos son rebatidos muy rápido por los anti-perros que piensan que eso de los “perrijos” es la peor aberración que puede ocurrirle a la humanidad ya que están despreciando a su propia genética y que muy pronto se van a querer casar ―y lo que le sigue―, con sus animales. Que sus vidas van a terminar rodeadas de excrementos caninos.

Luego están los que se escandalizan con cualquier experimento gastronómico, que piensan que es anatema crear conchas con forma de dona o rellenar estas de chilaquiles u otras viandas. Por supuesto que el equipo de los paladares aventureros se molesta ante los fieles ortodoxos de los alimentos y argumentan que nada mejor en el mundo que nuevos sabores.

Quejas

Que elegancia la de Francia

También se dan cita aquellos con las quejas de la moda, que comparan la “elegancia” del hombre de las décadas y los siglos pasados y piensan que las modas actuales son una clara muestra del “afeminamiento” y la agenda de género. Nos muestran antiguas fotografías en la que los galanes de sombrero fedora son comparados con las tribus de la Condesa y argumentan que la masculinidad ha sufrido de una severa pérdida de valores.

Por supuesto que la moda femenina es aún más criticada y cotejada, haciendo mofa de los cabellos pintados de colores y las carnes entintadas “como si fueran presidiarias”, insulto que data de 1950. Por supuesto que son contratacados por quienes aman y justifican las nuevas modas y que replican tildándolos de medievalistas, reaccionarios y otras lindezas.

Canal de Soy.Marketing en WhatsApp

Una tribu que particularmente llama la atención es la de aquellos y aquellas que, ante algo nuevo o diferente, llámese una variación de un platillo tradicional o una moda estrambótica, aseveran que “merecemos la extinción”, invocan al meteorito que, como castigo divino, terminará de manera definitiva con la civilización humana.

En lo personal, siento un poco drástico desear el fin de la humanidad nada más porque un individuo se atreve a salir a la calle con falda o una individua se atreve a tatuarse en lo más recóndito de su anatomía.

Los tiempos de María Canica

Un sector que también me hace mucho ruido son los que ya se sienten ancianos y utilizan la palabra “en mis tiempos” para todo y en especial, para presumir que el hecho de haber nacido antes de la invención de Internet les da una especie de superioridad moral o un aura de pureza de la que carecen las viles e ingratas generaciones actuales.

Aquellos que publican imágenes de niños jugando en la calle con trompos y baleros, burro castigado u otras diversiones, afirmando que para tener derecho a una infancia feliz se debía de haber tenido esos juguetes o realizado esas actividades, denostando a las generaciones que se “aburren”, se hacen inútiles así como antisociales con teléfonos, tabletas y videojuegos.

Aquellos que publican infinitos textos donde aseveran que son mejores por hecho fila durante horas en la escuela, al rayo del sol, para ver una cursi representación de los héroes que nos dieron patria o cantar, de manera desganada, el himno nacional.

Aseguran que las nuevas generaciones, por el simple hecho de no haberlo hecho, carecen de respeto, responsabilidad, compromiso, patriotismo y hasta simpatía, que apenas merecen el oxígeno que respiran

Platón ya lo había advertido.

Y no me hagan hablar de los que se sienten analistas políticos con conexiones directas a la sala de guerra o que se llevan de pellizco en las partes pudendas con alguien dentro del primer círculo. Aquellos que publican trascendidos más volados que un papalote, que se ponen a candidatear a cualquiera que tenga un apellido más o menos reconocible o una trayectoria cuestionable, no importa que apenas vaya saliendo de la cárcel.

En fin… bienvenidos, esto es apenas un día en twitter.

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