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El caos no es cultura: cuando la “agilidad” esconde desorden

Hay una frase que he escuchado en casi todas las agencias y equipos creativos en los que he trabajado o con los que he colaborado: “aquí somos muy ágiles”. La dicen con orgullo, como si fuera una virtud. Y a veces lo es. Pero muchas otras veces —más de las que quisiéramos admitir— es el disfraz perfecto para algo mucho menos elegante: el caos.

Porque hay una diferencia enorme entre moverse rápido y no saber hacia dónde se mueve uno.

El fuego que nunca se apaga

Todo equipo creativo tolera cierto grado de urgencia. Es parte del oficio: el cliente cambia de opinión, la campaña se adelanta, el brief llega incompleto un viernes a las 6pm. Eso no mata a nadie. De hecho, un poco de presión bien administrada saca lo mejor de un equipo.

Invitación columnista universitario

El problema no es el fuego ocasional. El problema es cuando el fuego es la única forma en que la organización sabe operar. Cuando no hay un “después del incendio”, porque siempre hay otro incendio esperando. Ahí es donde la urgencia deja de ser una circunstancia y se convierte en el sistema operativo de la empresa.

Y ese sistema tiene un nombre que usamos para no llamarlo por lo que es: cultura ágil.

La agilidad de verdad tiene esqueleto

Vale la pena decirlo con claridad: la metodología ágil, la de verdad, no es sinónimo de improvisación. Nació precisamente para dar estructura a la incertidumbre. Sprints, prioridades claras, retrospectivas, iteración con propósito. Es disciplina disfrazada de flexibilidad, no al revés.

Lo que veo en muchos equipos creativos no es eso. Es la ausencia total de proceso, bautizada con el vocabulario correcto para que suene a intención en lugar de a negligencia. No hay backlog: hay lo que se le ocurrió al director ayer en la ducha. No hay retrospectiva: hay culpar a alguien cuando algo sale mal. No hay iteración: hay repetir el mismo error cada campaña, cada trimestre, cada año, y llamarlo “así se trabaja aquí”.

La agilidad real reduce el caos. La falsa agilidad lo legitima.

Por qué esto agota más que la carga de trabajo

Aquí está lo que casi nadie mide: los equipos creativos no se queman por trabajar mucho. Se queman por trabajar sin saber por qué, sin saber para qué, y sin ninguna señal de que mañana será distinto.

Un creativo puede aguantar una semana brutal si al final hay una razón que la justifique: un pitch importante, un lanzamiento real, una meta concreta. Lo que no aguanta —lo que de verdad drena— es sospechar que la urgencia de hoy es idéntica a la de la semana pasada, y a la de la próxima, sin ninguna intención genuina de resolver el problema de fondo.

Eso no es cansancio operativo. Es desesperanza organizacional. Y la desesperanza, a diferencia del cansancio, no se cura con un fin de semana libre.

La desorganización como estrategia de conveniencia

Hay algo incómodo que también hay que decir: a veces la desorganización no es un accidente. Es conveniente para quien lidera. Si nunca hay procesos claros, nunca hay responsables claros. Si todo es urgente, nadie puede exigir tiempo para pensar bien las cosas. Si todo cambia todo el tiempo, es más fácil evadir la pregunta incómoda de si la estrategia original tenía sentido.

El caos, bien administrado, protege a quien no quiere ser evaluado con criterios fijos.

No estoy diciendo que sea siempre deliberado. La mayoría de las veces es simplemente falta de método, disfrazada después con el lenguaje correcto para que suene intencional. Pero el efecto en el equipo es el mismo, venga de la mala fe o de la mala organización: la sensación de estar apagando fuegos ajenos, sin mapa, sin brújula y sin que nadie arriba parezca dispuesto a comprar un mapa.

Lo que sí funciona

agilidad

La gente creativa no necesita certeza absoluta —eso no existe en este oficio— pero sí necesita dirección. Un norte, aunque el camino hacia él cambie. La diferencia entre un equipo que se mueve rápido con propósito y uno que solo corre en círculos está en tres cosas simples de decir y difíciles de sostener:

  1. Procesos mínimos, no burocracia. No se trata de llenar todo de Trellos y formularios. Se trata de que cualquiera en el equipo pueda responder, sin dudar, qué sigue después de esto.
  2. Prioridades reales, no todo es lo más importante. Si todo es prioridad uno, nada lo es. Y un equipo que vive priorizando todo termina sin poder priorizar nada.
  3. Espacio para corregir el rumbo. No solo avanzar, sino detenerse de vez en cuando a preguntar si se está avanzando en la dirección correcta. Eso es lo que la agilidad de verdad intentaba resolver desde el principio.

Procesos mínimos, no burocracia. No se trata de llenar todo de Trellos y formularios. Se trata de que cualquiera en el equipo pueda responder, sin dudar, qué sigue después de esto. Prioridades reales, no todo es lo más importante. Si todo es prioridad uno, nada lo es. Y un equipo que vive priorizando todo termina sin poder priorizar nada. Espacio para corregir el rumbo. No solo avanzar, sino detenerse de vez en cuando a preguntar si se está avanzando en la dirección correcta. Eso es lo que la agilidad de verdad intentaba resolver desde el principio.

La conclusión incómoda

Si tu equipo lleva meses “apagando fuegos” y lo llamas agilidad, probablemente no tienes una cultura ágil. Tienes una organización que no ha hecho el trabajo de organizarse, y que descubrió que es más fácil ponerle un nombre bonito al problema que resolverlo.

Los mejores creativos no se van porque el trabajo sea difícil. Se van porque dejan de creer que alguien, en algún momento, va a construir el mapa.

Edgar Pichardo

Head of Creative

Dirección y desarrollo de la visión creativa en Pixydus, agencia de publicidad integral mexicana. Mi labor es mantener a mi equipo al tanto del estado actual de la creatividad publicitaria, capacitarlos y motivarlos para desarrollar ideas relevantes para nuestras marcas.

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