Durante años, adaptar anime a live action fue casi una maldición para Hollywood. Proyectos fallidos y fandoms enfurecidos habían creado un precedente complicado. Sin embargo, cuando Netflix lanzó One Piece en 2023, no solo rompió esa narrativa: redefinió cómo se construye una franquicia desde el marketing.
Los números ayudan a dimensionar el fenómeno. Según cifras citadas por The Hollywood Reporter, la primera temporada acumuló más de 71,6 millones de visualizaciones y 541,9 millones de horas vistas en sus primeros cuatro meses, convirtiéndose en el programa más visto de Netflix en la segunda mitad de ese año.
Pero más allá del rendimiento en streaming, el verdadero triunfo fue estratégico: Netflix entendió que One Piece no era solo una serie; era un fenómeno cultural con décadas de fandom listo para activarse. Vamos a analizar su estrategia de Marketing.
Estrategia 360°: comunidad antes que audiencia
Uno de los grandes aciertos de la campaña fue entender que el marketing debía empezar dentro de la comunidad. En lugar de imponer una narrativacorporativa, Netflix integró al fandom en el proceso.
Eventos como el TUDUM en São Paulo en 2023 — una genialidad, por cierto, el nombre de este evento anual de Netflix, que comentaremos en otra columna —, donde se reveló el teaser y se presentó una réplica real del barco Going Merry frente a miles de fans, funcionaron como momentos de legitimación. La transmisión del evento llegó a millones de espectadores online, convirtiendo el anuncio en un momento cultural compartido.
Ese enfoque se mantuvo en redes sociales: contenido detrás de cámaras, interacción constante del elenco con fans y una estrategia clara de “humanizar” a los actores. El resultado fue una conversación orgánica que amplificó el lanzamiento.
En términos de marketing, la lección es simple pero poderosa: no se trata de promocionar contenido, sino de activar el sentido de pertenencia.
One Piece segunda temporada: hype que cumple
El lanzamiento de la segunda temporada en marzo de 2026 no fue improvisado. Netflix siguió una lógica clara: mantener viva la conversación entre temporadas.
Primero llegaron los anuncios tempranos y los teasers revelados en eventos globales; después, los avances escalonados y el contenido de producción que alimentó la expectativa durante meses. Finalmente, el estreno con ocho episodios disponibles en una entrega buscó replicar el efecto que impulsó la primera temporada.
El resultado inicial parece confirmarlo: la nueva temporada debutó en el número uno en decenas de países, consolidando la serie como una de las apuestas más fuertes del catálogo de Netflix. Y no solo eso, los números muestran que cumplió las expectativas, el portal especializado Rotten Tomatoes reporta el 100% de calificación por parte de los críticos y el 95% de la audiencia.
En otras palabras, el marketing no solo impulsó el estreno: construyó continuidad de marca.
Las marcas que se subieron al barco
Si algo demuestra el fenómeno One Piece es que las franquicias modernas funcionan como plataformas para construir alianzas.
Las colaboraciones
La segunda temporada llegó acompañada de múltiples alianzas comerciales. Entre ellas destaca la colección de sets de LEGO inspirados en los escenarios y personajes del live action, lanzados como productos coleccionables para fans.
A esto se suma la colaboración con la marca japonesa Monchhichi, que lanzó versiones de Monkey D. Luffy y Tony Tony Chopper en formato de peluche, mezclando nostalgia y cultura pop contemporánea.
Incluso el universo del coleccionismo se sumó a la tendencia con nuevas figuras de Funko, diseñadas específicamente para ofrecer más opciones al fandom.
Burger King no se quedó atrás, ofreciendo menús con temática de piratas y vasos coleccionables listos para ser consumidos por los fans de la serie.
Estas alianzas no son casuales: convierten a la serie en una propiedad intelectual multiplataforma, donde el marketing se extiende del mundo del streaming al del retail, convirtiéndose en otra generosa fuente de ingresos.
El verdadero tesoro One Piece
El caso de One Piece nos muestra algo que muchas marcas aún están en proceso de construcción: el marketing contemporáneo no consiste en lanzar campañas, sino en construir mundos narrativos donde las audiencias quieran vivir.
Netflix no solo adaptó un manga que se convirtió en anime; creó un universo donde convergen entretenimiento, retail, eventos y comunidad.
Y si algo nos enseña esta historia es que, en el océano del streaming, el verdadero tesoro no solo está en el contenido, está en la franquicia, y en las posibilidades de seguir contando una historia que enganche no solo a quienes ya son fans, sino a nuevas audiencias.
¿Tú qué opinas?
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