Durante siglos, cada nueva tecnología que tocó el mundo del arte y la creación fue recibida con la misma sospecha: “esto acabará con la originalidad”.
La fotografía fue acusada de matar la pintura.
El sintetizador fue visto como una amenaza para la música tradicional.
Incluso la imprenta fue señalada como el inicio del fin de la memoria y la palabra viva.
Y, sin embargo, ninguna de estas innovaciones destruyó la creatividad. Al contrario: la multiplicó.
Hoy vivimos el mismo debate con la inteligencia artificial generativa. Un clic basta para que escriba un cuento, pinte un retrato al estilo de Van Gogh o componga una melodía electrónica.
¿Eso significa que la originalidad humana se acabó?
La respuesta depende de cómo la usemos
La IA no crea desde la nada: combina, reinterpreta y proyecta patrones que ha aprendido. Pero el mismo Picasso decía que “los grandes artistas no copian, roban”, refiriéndose a que toda creación parte de apropiarse y transformar influencias. En ese sentido, la IA actúa como un espejo deformante que nos devuelve nuevas combinaciones, nuevas posibilidades.
El peligro está en dejar que haga el trabajo completo: un texto genérico, una ilustración sin alma, un video que parece igual a miles. Ahí sí estaríamos alimentando la homogeneidad y no la originalidad. Pero en manos de un creador curioso, puede ser un trampolín.
David Bowie experimentó con programas computacionales para cortar y recombinar letras en los años noventa. Hoy, escritores usan ChatGPT para desbloquear un párrafo atorado; diseñadores hacen moodboards en MidJourney para arrancar un proceso; músicos generan bases con Suno para después intervenirlas con su estilo. El punto no es reemplazar, sino potenciar.
La verdadera amenaza no es la IA, sino la pereza. La incapacidad de cuestionar, de editar, de ponerle nuestra voz. La originalidad, en cambio, nace de la intención: del criterio humano para elegir, filtrar y darle un sentido único a lo que se produce.
Quizá el mejor paralelo sea el de la cámara fotográfica. Nadie discute que millones pueden apretar un botón, pero no todos logran un Cartier-Bresson, un Sebastiao Salgado o una Graciela Iturbide. La diferencia no está en la herramienta, sino en la mirada.
Algo es cierto: la iA se está convirtiendo en una herramienta indispensable y esencial dentro de todas las industrias creativas, y si no la incorporas estás perdiendo la oportunidad de escalar tus proyectos.
Aquí hay 5 consejos prácticos para incorporar la IA como parte de tu proceso creativo:

1. Usa la IA como borrador, no como obra terminada. Empieza con ella, pero no termines ahí. La diferencia la hace tu criterio y tu voz.

2. No le temas a lo genérico, pero nunca te quedes con lo genérico. La primera salida de la máquina suele ser promedio; tu trabajo es darle filo.

3. Convierte la herramienta en diálogo. Hazle preguntas raras, combínala con tus obsesiones, llévala a territorios que solo tú explorarías.
4. Recuerda que la idea no es el final, es el inicio. Una ilustración, un párrafo, un riff generado por IA puede ser el trampolín hacia una creación más tuya.

5. Protege tu mirada. La originalidad no está en la tecnología, sino en lo que eliges mirar, cuestionar y contar distinto.

La IA generativa puede ser un enemigo de la creatividad si dejamos que piense por nosotros, pero también puede ser el aliado más poderoso que hayamos tenido. La chispa sigue siendo humana. Lo demás son fósforos, y la historia nos ha demostrado que cada vez que alguien grita “la originalidad se acabó”, lo que realmente empieza es una nueva era creativa.








