Últimamente tengo la sensación de que todos vivimos en realidades distintas, aunque estemos sentados en el mismo café o compartiendo el mismo asiento. Uno abre Instagram y ve marcas conscientes, emprendimientos exitosos, política o gente que “vive de lo que ama”. Al mismo tiempo, otra persona abre la misma app y ve puro drama, noticias alarmistas o teorías conspiranóicas ¿La razón? No es casualidad ni magia es el filtro burbuja.
Filtro burbuja
El filtro burbuja es esa realidad editada que se construye a partir de lo que consumes digitalmente; likes, búsquedas, videos que ves hasta el final, lo que compartes y hasta lo que ignoras. Los algoritmos hacen su trabajo y dicen: “Ah, a este le gusta esto, dale más de lo mismo” y eso te encierra en una burbuja donde parece que el mundo piensa, compra y actúa igual que tú.
¿Recuerdas a tu tía Panista que no reconoció el triunfo electoral del 2024 argumentando fraude? Pues no es casualidad, mentira o error en su percepción, solo es un trabajo impecable de su propia burbuja. Su entorno donde interactúa: el club, las vecinas, familiares y la gente de la iglesia no solo refuerzan el pensamiento en su interacción diaria con la realidad, sino también se alimenta de forma digital.
El problema no es que exista, el problema es que lo crean. Para el mundo del marketing este comportamiento es una joya; sin embargo, cuando olvidamos que esa información no representa la realidad completa, estamos perdidas, perdidas, perdidas, perdidas…

Todo el tiempo en todas partes
Como especialista en marketing ves una “tendencia” en redes sociales y piensas “Esto está explotando, todo el mundo habla de esto” y ejecutas tus campañas de acuerdo a lo que acabas de consumir pero cuando sales a la calle y hablas con clientes reales, con el farmacéutico del mostrador, con el médico, con el cliente o con el consumidor promedio te das cuenta que no pudiste estar más equivocado y no saben de lo que estás hablando. No porque sean ignorantes, sino porque no viven dentro de tu misma burbuja digital.
Y esto pasa más común de lo que puedas imaginar, por ejemplo con campañas “virales” en donde a un marketero le encanta decir que algo se volvió viral porque tuvo miles de likes o comentarios en tiktok ya se siente la última coca del desierto. Pero luego llegan los reportes, revisas las ventas, el tráfico real e intención de compra y nada se mueve pero ¿Por qué, si mi publicación se volvió viral? Fue viral dentro de una burbuja muy específica pero no en el mercado completo.
Asimismo, el filtro burbuja muchas veces también distorsiona la percepción del éxito. Ves casos de emprendedores que “la rompieron” en seis meses, marcas que crecieron orgánicamente, campañas que según esto no necesitaron pauta y sin darte cuenta, empiezas a pensar que si no te va igual, estás haciendo algo mal. Sin embargo, nadie te muestra el presupuesto real, los errores, las campañas que no funcionaron o los años previos de picar piedra.
Ahora, no todo es malo con este fenómeno digital pues puede ser un arma brutal si sabes usarlo correctamente porque sí, segmentar, personalizar y hablarle a nichos es clave. Pero si construyes tu estrategia solo desde lo que tú ves en redes, estás planeando con información incompleta. Es como hacer un diagnóstico médico solo con síntomas que leíste en Google.
Mercado Personalizado
La clave está en romper con una aguja tu propia burbuja a propósito. Salir a hablar con clientes reales, escuchar al que no comenta, al que no da like, al que no sigue marcas y revisar datos duros, no solo métricas vanidosas.
Debes entender que, así como tu realidad se ve afectado por tu círculo de confianza dentro de tu feed, en el marketing no es “el mercado”, es tu mercado personalizado. Quizá la reflexión más incómoda: el filtro burbuja no solo afecta lo que vendes, sino cómo piensas. Refuerza creencias, limita el criterio y te hace sentir que “todo mundo” opina igual que tú… hasta que te enfrentas a la realidad.
En un mundo donde el consumo digital dicta qué vemos, qué creemos y qué compramos, el verdadero diferencial ya no es solo saber usar el algoritmo, sino saber cuándo desconfiar de él porque el día que crees que tu feed es la realidad, ese día dejaste de entender al mercado y en marketing y en la vida, eso se paga caro.








