Trump: El genio detrás de la irreverencia

Trump: El genio detrás de la irreverencia

Cuesta trabajo creer que un tipo como Donald Trump esté alcanzando en las encuestas a la virtual candidata del Partido Demócrata rumbo a la contienda por la Casa Blanca del próximo noviembre. En el sondeo realizado por el diario The Washington Post y la cadena ABC se lee un empate técnico entre la exprimera dama y el empresario. Sin duda será una de las batallas electorales más peleadas en la historia de los Estados Unidos.

El eslogan de la campaña trumpista denota los claros destellos de megalomanía de su candidato: “Make America great again” (“Devolver a Estados Unidos su grandeza”) es una frase que engloba las intenciones de Trump al convertirse en presidente y resalta los propósitos disparatados que ha expresado en sus discursos. Por otro lado, Hillary le devolvió la pedrada a Trump con una consigna que expresa la necesidad de unidad dentro de un país que –según ella– el magnate se ha encargado de dividir: “We are stronger together” (“Juntos somos más fuertes”) ha sido el lema que Clinton ha elegido para lanzarse al ruedo, sin duda, este enunciado se apega a las ideas expuestas por el actual presidente de su mismo partido en un discurso impartido en la Universidad de Rutgers: “Un muro no detendrá nada.

El punto es que, para ayudarnos a nosotros mismos, tenemos que ayudar a los demás, no levantar el puente levadizo y tratar de mantener el mundo afuera”, dijo Obama.

Donald Trump se nos presenta como un producto que –duela a quien le duela– es atractivo dentro en su promoción política. Ha sido eficiente a la hora de promover el voto por medio de cuestionamientos intolerantes, frases lapidarias e ideas que rebasan la lógica y nos obligan a imaginar un futuro infausto. Trump es un alborotador que vende. No hay que olvidar que Trump, antes que un político, es un empresario y, como empresario, ha sabido vender su imagen con ingenio y maquiavélica inteligencia. El fondo de la estrategia mercadológica del republicano ha generado un éxito rotundo y efectivo frente a una sociedad norteamericana que se siente acorralada por la administración de Barack Obama, pues, a juicio de la gran mayoría de los estadounidenses, el presidente demócrata ha dejado mucho que desear en materias como generación de empleos, regulación de la inmigración y fomento productivo de la seguridad.

No lo dudemos ni un segundo: Donald Trump ha salido victorioso en su precampaña presidencial. Es el rey Midas de los negocios y, al parecer, también de la mercadotecnia política.

A Donald Trump se le conoce ahora como un candidato xenófobo, patriotero, racista y extremadamente conservador que tiene grandes posibilidades hacerse de los 269 votos necesarios en el Colegio Electoral norteamericano para presidir el país más poderoso del mundo. Antes, muy antes, Trump era conocido por su emporio, por sus hoteles y sus construcciones, por su fortuna (calculada por la revista Forbes en 4,100 millones de dólares), por sus libros y por el programa The Apprentice, emitido por la cadena NBC. Ahora Trump es conocido por sus comentarios lapidarios contra los latinos, contra los musulmanes, contra los chinos, contra Barack Obama y contra el mundo entero.

En política, cuando la raza se sobrepone como prioridad en el ejercicio del poder, surge el nacionalsocialismo, doctrina que amasó Adolf Hitler aprovechando el fracaso del capitalismo con la crisis del 29 y que puso en práctica en Alemania durante el periodo del Tercer Reich (1933-1945). Es por esta razón que muchos han comparado a Donald Trump con el dictador germano, pues los discursos de Trump son parecidos a las prédicas de Hitler contra los judíos.

Las palabras de Trump van dirigidas para el sector tradicionalista de la población de su país.

A modo de prevención, debemos advertir que hay muchas posibilidades de que este hombre trabaje desde el Despacho Oval durante cuatro años. Las encuestas no mienten: Donald Trump ha cautivado al pueblo estadounidense con la precisión de su estrategia política. La estrategia mercadológica de Trump ha demostrado consistencia, en consecuencia, es probable que veamos un nuevo reality show transmitido desde la Casa Blanca a partir del 2017. Sólo la misericordia divina y la suerte de Hillary Clinton detendrán el imparable trote de este republicano de ideas incendiarias y palabras subversivas. Démosle tiempo al tiempo y estemos al pendiente de este combate que apenas comienza.

Diego Fernández G.
Nació y vive en México. Analista de lo cotidiano y conversador incesante. Es estudiante de Administración Pública en la Universidad Anáhuac, pero también escritor a ratos. Quizá ninguna otra vocación le guste más. Es articulista en distintos medios. Sin embargo, también es amante de la Historia, de la Política y de la Literatura. Obtuvo el Premio Nacional de Expresión Oral y Escrita “Octavio Paz”.