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El bueno, el malo y el feo III. El electorado visto desde la Trinidad Leone

electorado 2018

El tercer análisis desde la “Trinidad Leone” estaba reservado para el candidato de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya, pero debido a los más recientes acontecimientos que han revestido de incertidumbre su candidatura, consideré que lo más pertinente será aguardar un par de semanas a que se asiente su enredada situación. Es por esa razón que me enfocaré en otro trascendental actor, tal vez el de mayor importancia en la justa sexenal, ya que es dónde nos encontramos el 99.99% de las y los mexicanos con capacidad de voto: el electorado, mujeres y hombres de 18 años en adelante que, con nuestra opinión, decidiremos quién y quiénes deben dirigir al país.

Lo bueno del electorado.

El que elección tras elección muestra un mayor interés por participar en el proceso pese a los excesos, virulencia, mentiras y verdades a medias y ocultas de los partidos políticos. Su convicción por informarse, su deseo de contar con un manojo creíble de propuestas, razonamientos sensatos y posturas constructivas para verdaderamente tomar una decisión alejada de trivialidades y simplismos. El que tiene auténticas ganas de que este país por fin cambie de la mano de políticos confiables y distintos a los habituales; el que lucha día a día con el desencanto y la frustración de cada acción y declaración cortesía de una clase política que sólo ve por sus intereses de manera impune y descarada. Esa parte del electorado que no se vende ni compra ideas baratas, que ni es crédulo, fanático o apático, y que por el contrario es crítico, incluso estratégico a la hora de votar.

Lo malo del electorado.

En este apartado podríamos hacer una separación, aunque habría varios grupos a desarrollar, por ahora basta con un par de ejemplos: los inconscientes y los fundamentales. Los primeros transitan como en blanco, no saben mucho acerca de lo que sucede en el país, son desinformados y acusan nula capacidad de análisis, no sólo no saben sino que tampoco les interesa conocer más allá de lo poco que pueden “pescar” en pláticas. Aquí también caben esa enorme cantidad de personas que utilizan a la política y al gobierno como materia prima para hacer chistes, todo se reduce a eso. Los segundos están capacitados para hacer complicados malabares gracias a que manejan un poco de mayor información, aunque ésta resulte sesgada y nutrida de clichés. Son radicales: o es blanco o es negro, no hay matices o medios tonos, ostentan un discurso salpicado de cifras y datos proveniente de fuentes todopoderosas, siempre jactándose con esa postura de superioridad del quien lo sabe todo o está, cuando menos, un par de pasos adelante que el resto de los mortales. Propietarios de la única verdad y para los que los demás somos una gran masa de alienados, vendidos o de plano imbéciles.

Lo feo del electorado.

Los que no creen en nada ni en nadie. Los violentos, los agresivos. Los que se quejan de la corrupción y se manejan con corruptelas. Los que se lamentan de la ineficiencia gubernamental y son ejemplo de incapacidad en sus trabajos. Los que ponen el grito en el cielo por las transas y ellos, cuando pueden, son los primeros en hacerlas. Los que no dan espacio a distintas opiniones ni a diferentes puntos de vista. Los que se quejan de la deshonestidad de políticos y funcionarios gubernamentales y que ansiosos esperan a que “quede” su pariente o conocido para que las cosas cambien, pero con ellos del otro lado del escritorio para ahora sí beneficiarse de este sistema injusto. Los que ven en los grandes males del país: la violencia, los secuestros, la corrupción, el despilfarro y la ineptitud, por mencionar sólo algunos, asuntos profundamente arraigadosa nuestra idiosincrasia, por lo cual no hay nada que pueda hacerse.

¿En dónde se ubica usted? ¿De qué lado cree estar? ¿Qué es lo que puede cambiar o mejorar? Obsérvese desde la Trinidad Leone, podría sorprenderse.