Para que una marca trascienda en la era digital, no basta con que sea “coherente” en una app o un feed de redes sociales; tiene que conectar con una memoria colectiva. En México, los diseñadores no solo crean logotipos; traducen sincretismo, caos urbano, color y herencia en sistemas visuales vivos.
Tres lecciones del diseño de marca mexicano frente a la homogeneidad tecnológica
Para entender cómo la originalidad humana se impone a la automatización, vale la pena observar el trabajo de tres referentes del diseño en México que Sussek y Müller bien podrían incluir en sus páginas:
1. Alejandro Magallanes: La imperfección como huella digital
Frente a los vectores ultra pulidos y las imágenes generadas por IA que inundan el mercado, el trabajo de Alejandro Magallanes es un recordatorio de que el error y el trazo humano son irreemplazables. Sus identidades para instituciones culturales, festivales y libros juegan con la tipografía dibujada a mano, la tinta y la silueta lúdica. La IA puede imitar la textura, pero no el sentido del humor, la ironía ni la calidez de un trazo que se sabe imperfecto.
2. Lance Wyman: El maestro del ADN visual (y el arraigo mexicano)
Aunque de origen estadounidense, la carrera de Lance Wyman está indisolublemente ligada a México. Su trabajo para los Juegos Olímpicos de México 68 y la iconografía original del Metro de la CDMX cambiaron la historia del diseño global. Wyman demostró que un sistema de identidad puede ser masivo, funcional y, al mismo tiempo, honrar la herencia cultural (en su caso, inspirándose en el arte huichol y precolombino). La IA procesa datos; Wyman procesó identidad para unificar a una nación en movimiento.
3. Estudio Esrawe + Cadena: Rigor contemporáneo con raíz artesanal
El trabajo de Héctor Esrawe e Ignacio Cadena es el ejemplo perfecto de cómo las corporaciones modernas pueden tener una identidad sofisticada sin perder el alma. Al diseñar la identidad espacial y objetual de marcas mexicanas, fusionan el minimalismo internacional con la mano de obra artesanal local. Saben que un “sistema de marca” actual no vive solo en una pantalla (donde la IA domina), sino en la textura de un empaque, en la madera de un espacio y en la experiencia física.
Conclusión: El verdadero reto del diseñador actual
El peligro de la Inteligencia Artificial no es que reemplace a los diseñadores, sino que los diseñadores comiencen a diseñar como algoritmos: buscando la salida más rápida, el cliché visual y la estética genérica de Pinterest.
El diseño de marca sigue importando porque los seres humanos seguimos buscando historias en las cuales creer. Las marcas que sobrevivan a la era de la IA no serán las que tengan el logo más simétrico, sino aquellas que, como el buen diseño mexicano, se atrevan a ser profundamente locales, viscerales y originales. La IA tiene el procesamiento; nosotros seguimos teniendo el pulso.
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