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La personalidad de los colores 2: el amarillo

En continuidad con el artículo de la semana pasada, hoy toca el turno a otro de los colores primarios del espectro visible por el ojo humano: el AMARILLO.

Tradicionalmente es conocido como “el color del sol” y de la alegría. Cuenta sin embargo con numerosos matices que abren todo un panorama a la sensación y la simbología cultural. Opuesto (o complementario) al violeta, es uno de los tres principales colores cálidos (junto con el rojo y el naranja). Su longitud de onda es media (entre el infrarrojo y el ultravioleta). Diversas culturas lo han asociado con el oro, la riqueza y la prosperidad material a lo largo de la historia.

En diseño y mercadotecnia es conocido por su invitación a la alerta; de hecho está demostrado en señalética que las imágenes que se perciben más rápidamente son las que utilizan fondos amarillos y formas negras. No en balde esos colores conforman las señales preventivas de tránsito.

El llamado amarillo “azafrán”, de tono quemado, es relacionado con el misticismo en la religión budista del Tibet. Ahí se le toma como el color del “camino medio”, el equilibrio y la liberación.

Por otra parte, es tan versátil su poder evocativo que también se le ha relacionado con las flores, la primavera, los dioses solares y el narcicismo (o popularmente, la confianza en uno mismo). Es uno de los colores favoritos de los niños y se le relaciona con la actividad lúdica.

Pero al combinarse por ejemplo con un poco de azul, se generan tonos de amarillo verdoso, color asociado a la locura y la enfermedad. Un ejemplo de ello son los alucinantes girasoles post-impresionistas de Van Gogh. O el significado que le daba Frida Kahlo al decir que todos los fantasmas usan trajes de ese color… o al menos, ropa interior.

En comunicaciones de punto de venta es un color que asociamos comúnmente a productos de consumo, como los alimenticios, pero también lo relacionamos con las ofertas y descuentos. Muchas cadenas de tiendas han abusado de este recurso. Casi siempre combinan el amarillo con el rojo o naranja, para anunciarnos que tal o cual producto está “en rebaja”. A tal grado han llegado, que ya algunas lo han establecido como identidad permanente para comunicar que sus precios (o esquemas de pagos) son mucho más accesibles y populares. Por ello hay que tener cuidado con el tono de amarillo que se utilice en tiendas. Si queremos transmitir la idea de lujo conviene más un amarillo dorado, por ejemplo.

Al reflejar de manera óptima la luz, se le vincula con la energía y la actividad; aunque esto resulta contraproducente si lo usamos en exceso para decorar habitaciones de niños pequeños.

En resumen, si bien se trata de un color en general energético y poderoso, debemos tener mucho cuidado al utilizarlo en exceso. Un profesor de proxémica en la universidad recomendaba dosificar cualquier paleta cromática con base en pequeños toques de amarillo, de manera tanto horizontal como vertical (como se lee una página de texto cualquiera). Esto evitaría una saturación y un abuso del amarillo.

Como todo en comunicación, el secreto está en el equilibrio. Por algo el amarillo se encuentra justo en medio de la gama cromática: el balance budista.