La personalidad de los colores 5: el naranja

La personalidad de los colores 5: el naranja

En la colección de artículos sobre los colores, toca el turno al naranja.

Uno de los colores cálidos por excelencia (junto con los primarios rojo y amarillo), el naranja es considerado el color secundario más alegre.

Muy utilizado en dos tipos de comunicación: el mercado infantil y la industria de los alimentos.

Al ser un color análogo del amarillo y rojo (y resultado natural de su mezcla cromática en pigmentos), es asociado también con sentimientos de calidez, confort, intimidad, abrigo, unión, cercanía y emotividad. Menos apasionado que el rojo, y menos “escandaloso” que el amarillo, conjunta lo mejor de ambos: es alegre, divertido, amable y cordial, sin llegar a ser agresivo.

Tradicionalmente, se sabe que en nuestro cerebro, asociamos el color naranja con el apetito; por algo la mayoría de los restaurantes cuentan con paletas variadas que toman como base el naranja y sus matices (tanto hacia el pastel como hacia los marrones). El racional es que comeremos más en ambientes y con elementos visuales matizados de naranja, que con cualquier otro color, ya que estimula el hambre.

Aliado natural de sus “hermanos” secundarios (el verde y el morado), los tres van de la mano en su evocación de tranquilidad y relajación (aunque algunos matices y variantes son susceptibles de tener otras connotaciones emotivas, claro está).

El naranja ha gozado de gran popularidad en ciertos períodos históricos.

Por ejemplo, en el diseño de interiores fue muy socorrido durante la década de los años 70, y tuvo un renacer en la década de los 2010 (particularmente los tonos mandarina, a grado de ser el color Pantone del año en 2012). En decoración se le encuentra fácilmente en vajillas, tazas, tapices, decorados y muebles.

Otro de los sentidos emotivos que por tradición se asocia a este color es la idea de “otoño” (sobre todo por el característico color que llena las hojas de los árboles en norteamérica, fenómeno que no se observa, por otro lado, en los árboles europeos en la misma época del año). Pero en la moda es muy común conseguir prendas de tonos anaranjados durante septiembre y noviembre, auxiliados por sus derivados marrones. Todas estas paletas cromáticas refuerzan la idea de calidez y de intimidad, muy adecuadas para la aproximación de los fríos invernales).

En el mercado infantil el naranja es también muy popular y socorrido.

Infinidad de personajes, caricaturas, ambientes, historias se ven teñidas de tonos duraznos y anaranjados. Justo por su carácter amigable y sociable, el naranja es relacionado con la idea de comunidad, camaradería, amistad y buen humor. Osos, tigres, niños rockeros, dulces, juguetes, logos e identidades corporativas enteras dirigidas al público infantil están llenos de color naranja.

Sin embargo, hay que tener cuidado con su uso, pues en algunos contextos (sobre todo en el sector de lujo), el naranja no es bienvenido, pues se puede asociar con algo “barato” o “corriente” (quizás por lo accesible de su personalidad).

Para ahondar en los atributos psicológicos y emotivos de éste y todos los demás colores, recomiendo la lectura de Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón de la especialista Eva Heller; y aquí se puede consultar una práctica tabla comparativa de la misma autora: http://www.psicologiadelcolor.es/colores-psicologicos/